Dr. Julio Moreno

Contribuciones

REAL Y FICCIONAL

Realidad deriva del latín “res”, cosa y del latín “realis”, aquello que tiene existencia efectiva o factual. Esa caracterización de efectiva de la existencia es lo que queremos discutir.

Verdad y ficción, como real e irreal, se implican mutuamente. No hay una sin la otra, y mucho menos en el campo de nuestra práctica: en una sesión no es siquiera posible transcribir textualmente un decir… se producen inevitablemente excesos y déficit que terminan siendo producciones privilegiadas.

Ambos polos del binarismo de “real – irreal” son de algún modo ciertos. Además la zona más fértil se produce en el territorio entre ellos, donde se superpone lo real y lo irreal. Por ejemplo, la teoría de la seducción y la de la fantasía de Freud podrían pensarse como alternativas excluyentes. Pero, si leemos cuidadosamente a Freud, notaremos que los más ricos desarrollos se producen entre ellas. Por lo tanto no deberíamos buscar los determinantes de una neurosis en el territorio de la fantasía ni en el de lo fáctico, sino en su interterritorialidad.

Cuando creemos que ocurrió un abuso, por ejemplo, no rara vez prima la actitud detectivesca de encontrar a toda costa la verdad fáctica, revisando los orificios del abusado o los signos de un exceso de fantasía de la supuesta víctima. Una mirada más fina podrá entender que no hay abuso sin algo de fantaseo, ni fantaseo sin algo de abuso. Aunque al detective que nos habita no le gusten esas ambigüedades.

Cuando en mi residencia psiquiátrica aprendimos a hipnotizar histéricas para deshacer conversiones (algo efectivo por un corto plazo) recibimos una consigna: la puerta del consultorio debía permanecer abierta y, de ser posible, convenía que un pariente de nuestra paciente estuviese presente durante el procedimiento, porque la paciente podía (y solía) “fantasear” el haber sido abusada por el residente aun cuando éste “sólo” la hubiese hipnotizado. Si lo miramos con mayor cuidado nos queda claro que no se trataba de algo solamente ficcional: toda la escena de hipnosis era en general una escena temida y deseada por hipnotizador e hipnotizado por contener trazos de verdad y de ficción alrededor de una escena erótica.

Ahora bien, tanto en la más inocente de las hipnosis (pensemos en Freud con Emmy de N. o con Rosalía, o en Breuer con Ana O) ni en el más brutal de los abusos, podemos decir que “la otra parte de la dupla” (el fantaseo en el último y el factor externo en el primero) podrían ser absolutamente descartados. Lo productivo para el trabajo psicoanalítico exige navegar en la ambigüedad que separa y une la verdad y la ficción. Para un detective o un juez quizá resulten intolerables e inoperantes esas ambigüedades. Pero nosotros, psicoanalistas, sabemos que no accedemos a la “verdadera” causa de nada sin correr el riesgo de destruir el fino y fértil tejido que se produce entre lo fáctico y lo ficcional.

Todo esto se pone también en juego en la literatura. Si Borges llama Ficciones a uno de sus mejores libros, no lo hace apara exaltar lo falso a expensas de lo verdadero. Lo hace porque considera que la ficción es el medio más apropiado para tratar la complejidad de la vida.

Cuando nos introducimos a las zonas más intensas de novelas de Melville, como Bartleby o Moby Dick, la tensión entre realidad y ficción se van superponiendo hasta casi rozar lo imposible. En esa mezcla entre verdad fáctica y pura imaginación, Bartleby y El Capitán Ahab, nos hacen llegar al clímax de la tensión.

El tema de la existencia efectiva que mencionamos al inicio es, desde muchos puntos de vista, conflictivo. Por de pronto no depende solamente de la calidad de “la cosa” sino, también, del observador. A tal punto que, según afirma la física cuántica, sin observador no existiría el objeto observado. En el capítulo 3 de su último libro, Hawking1 comenta el hecho de que los organizadores de una exposición de peces dorados (goldfish) realizada en Italia prohibieron a los expositores el uso de peceras curvas. Justificaron esa medida diciendo que los peces mirando hacia fuera de la pecera tendrían una visión distorsionada de la realidad. Con toda lógica, Hawking y Mlodinow se preguntan, ¿no estaremos nosotros, y no los goldfish, dentro de una especie de pecera con enormes lentes deformantes? Para los habitantes de la pecera el modelo con el que perciben debe ser diferente del de los que habitamos fuera de ella, pero no podemos decir que una de las realidades es mejor o peor -ni que una es más o menos real- que la otra, porque eso lo determina la teoría que sustenta “la realidad”, y esa teoría se conforma de acuerdo a donde vivimos y al discurso que organiza los modos de comprender del observador.

Un buen ejemplo de diferentes formas de “entender” eso, que con cierta petulancia llamamos “la realidad”, lo dan las teorías con las que hemos concebido al Universo que, presuntamente, viene siendo igual a sí mismo desde hace millones de años. La teoría que Ptolomeo introdujo por el año 150 antes de Cristo para describir nuestra posición en el universo predica que nuestra tierra es esférica y relativamente pequeña en relación con el cosmos, está en el centro absoluto del mismo donde permanece quieta e imperturbable rodeada de astros que giran a su alrededor. Este modelo, debe habernos parecido natural por ser al menos en dos puntos es coherente con la intuición: no sentimos que la tierra se mueva y vemos que los cuerpos celestes giran alrededor nuestro.

1 “¿Qué es la realidad?” del libro “The Grand Design” escrito junto con L. Mlodinow.

En 1543 Copérnico propuso un modelo alternativo. En éste el sol, y no la tierra pasó a ocupar el centro del universo mientras nuestro planeta, como todos los demás, giran alrededor del sol. ¿Cuál de los dos modelos es más real? Esta es una pregunta inadecuada, los dos son reales dentro de las coordenadas que cada una de las teorías sustenta.

En rigor, los astrofísicos contemporáneos dicen que ambas realidades son erróneas porque sustentan una tercer teoría: el Universo no es estático, no tiene centro y sus bordes se expanden a una velocidad superior a de la luz en creciente aceleración.

Son tres modelos para comprender eso que llamamos “la realidad“. Sin mentes que hayan modelado así las cosas, la realidad estaría inmersa en la enormidad de avatares y hechos que simplemente caen en el silencioso e infinito agujero de la ignorancia: donde sin que lo sepamos se agolpa lo que simplemente está dado y no nos interroga.

La ciencia clásica se basó en la creencia de que existe un mundo cuyas propiedades son independientes del observador que las percibe, y que la existencia de los fenómenos es independiente de ser estos observados. Es decir, la observación no altera los hechos ni éstos la observación. Hoy, prácticamente todos los físicos opinan que no es así: la realidad , dicen, depende del observador y el observar de éste inevitablemente interfiere con su observación. Puede sonar realmente prosaico pero, según opinan muchos Físicos Cuánticos, la luna no existiría de no ser observada por nosotros.

Nada de esto debería resultarnos ajeno a los psicoanalistas: la transferencia está inevitablemente en el centro de lo que ocurre e importa en un análisis. Produce su realidad. La realidad que importa en un Psicoanálisis no es simplemente el despliegue del mundo interno del paciente y/o del analista. Se produce en la interterritorialidad de ambos. Desde un punto de vista teórico, el inconsciente (uno de los conceptos fundamentales del psicoanálisis) es un modelo más que nos permite “entender” sus producciones y hacer coherentes, nuestras observaciones. Sin ese modelo, para un psicoanalista, los hechos no tendrían una existencia coherente ni efectiva.

En suma, una teoría (física, psicoanalítica o intuitiva) es un modelo que consta de una serie de reglas que conectan la observación a la que llamamos realidad. De ella se desprenden ecuaciones, cálculos y representaciones que permiten acotarla y calcular. No existe un objeto observado y un observador como dos territorios separados, lo importante, repito, se produce entre esos territorios, en su interferencia.

El realismo modelo-dependiente esta presente en todos nuestras acciones. Esto se ve con más claridad en los modelos científicos. Por ejemplo nadie, que se sepa, vio nunca una partícula llamada quark. Sin quarks los físico-quánticos no podrían, por ahora, explicar ni comprender la coexistencia de protones y neutrones en el núcleo de los átomos. De modo que aunque no los veamos, de acuerdo con el realismo basado en el modelo para entender nos manejamos como si los quarks existieran. Ya lo dijo David Hume en el Siglo XVIII “aun sin tener bases racionales para creer en una realidad objetiva, no tenemos otra alternativa que la de actuar como si lo fuese”

Lo que he dicho vale también para nuestro querido psicoanálisis y para uno de sus más preciados inventos y/o descubrimientos: el inconsciente.

Desde sus orígenes, el psicoanálisis se esforzó por hacer lógico lo que pudiera parecer ilógico dentro del psiquismo sin apelar a potencias mágicas o divinas que lo justifiquen Lo hizo principalmente a través de la creación una agencia de poder determinante: el inconsciente. Este proceder puede leerse con claridad en las primeras páginas del trabajo que Freud publicó en 1915:

“Desde muchos lados -dice- se nos impugna el derecho a suponer algo anímico inconsciente […] sin embargo, éste es necesario […] y poseemos numerosas pruebas a favor de su existencia” [p. 126, destacado del original]

¿Cuáles son esas pruebas?, ¿porqué es necesario el concepto de inconsciente?

“Es necesario –sigue Freud– porque los datos de la conciencia son, en sanos y enfermos, altamente lagunosos. Además, a menudo aparecen actos psíquicos cuya explicación presupone otros actos de los cuales, empero, no hay testimonio consciente […] Estos actos conscientes quedarían inconexos e incomprensibles si nos empeñásemos en sostener que la conciencia es todo cuanto sucede en nosotros en materia de actos anímicos, y en cambio, se insertan dentro de una conexión discernible si interpolamos los actos inconscientes que hemos inferido.” [p. 166-167].

Esta explicación se semeja mucho a la que podría dar un defensor del origen divino de los actos humanos. Lo que no se entiende, lo inconexo o lagunoso se reubica dentro de lo razonable del pensamiento causal suponiendo que fue determinado desde una otra fuente, como la del Espíritu Santo. Es decir, el inconsciente es el modelo para transformar en lógico lo ilógico. Un modelo para hacer comprensible la realidad de un psicoanálisis, como lo fue la teoría ptoloméica, la copernicana y la de los quarks.

La teoría de la existencia del inconsciente es una conjetura útil, necesaria y crucial para el psicoanálisis pero eso no es prueba de que el inconsciente exista como una Realidad fáctica (la mayúscula es para denotar una realidad con existencia trascendente). Los quarks son necesarios para concebir el núcleo del átomo, pero eso no quiere decir que ellos tengan una Realidad fáctica constatable. Son, para la teoría atómica, como el inconsciente lo es para el psicoanálisis, una necesidad teórica absolutamente justificada y extremadamente útil. Aun así, no podríamos decir que los humanos somos como somos por nuestro inconsciente que, después, “descubrió” Freud. Sino al revés, que el ser como somos habilitó a Freud para realizar el genial invento/descubrimiento del inconsciente y que de ahí en más el modo de ser de todos los humanos se convirtió en un antecesor del descubrimiento freudiano. Una vez establecido ese modelo se encuentran sus causas y sus precedentes que, a partir de entonces, justifican el modelo y le dan carácter de realidad.

Podíamos también aludir en este punto a Borges cuando en su pequeño ensayo “Los precursores de Kafka” comenta: “Cada escritor crea sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro”.

Es decir, así como sucede con un unicornio, que no tiene antecedentes ni existe sino en nuestra imaginación, sin la presencia de Kafka no habrían existido sus antecesores. Es la actualidad, la presencia, la que funda su propia historia y la pretendida causa de su ser, y no al revés. No es que los precursores habilitaron a Kafka, ni que los caballos y los toros generaron al unicornio, como no es que la cadena de representaciones hizo ser a una presentación. Es la presentación la que funda sus representaciones.

Quizá las representaciones encadenadas bajo la forma de una historia compacta, creíble, como una narrativa sólida, son simplemente el modo de apropiarse de lo que se presenta y así protegerse ante lo que es, para el polo asociativo y representacional, incomprensible. Hubo quizá tiempos en los que esas representaciones encadenadas, las narrativas sobre lo que se declara qué es, dieron la sensación de que, ¡por fin!, habíamos logrado ocluir el poder disruptivo de la presencia pura: lo que es, ¡por fin!, simplemente es.

Hay una brillante premonición de Nietzsche en La Gaya Ciencia que cuestiona la pretensión hegemónica de la historia sobre la realidad:

Todo hombre -dice Nietzsche- ejerce una fuerza retroactiva: por causa de él toda la historia es, de nuevo, colocada en la balanza, y mil secretos del pasado salen de sus escondrijos para que les dé el sol. Resulta estrictamente imposible prever todo aquello que algún día ha de ser parte de la historia. ¡Tal vez el pasado aún se esté por descubrir!

REALIDAD VIRTUAL

La distinción entre realidad y ficción se hace cada vez más compleja en estos tiempos. Hoy debemos subdividir aquella clásica escisión en más casilleros. La aparición de la realidad virtual (RV) e informática (RI) ha sido uno de las novedades que ha complejizado el problema. El precipitado avance de la informática y la computación que eclosionó a partir de la década del 70 del siglo pasado lanzó importantes cambios en esa dirección. Entre otras cosas, produjo una “nueva realidad” llamada virtual y dio pie para que se instale otra realidad que llamo informática. Este nombre, apareció en escena Junio de 1989, cuando la compañía de software Autodesk y la de computadoras VPL anunciaban así la aparición de una nueva tecnología: “La Realidad Virtual es compartible y objetivable como el mundo físico, componible como un trabajo de arte, y tan ilimitada e inofensiva como un sueño.

10/5/13 Realidad ficción y realidad virtual 9

Cuando la RV devenga ampliamente accesible, hacia comienzos del siglo venidero, será considerada […] como una realidad adicional. La RV nos abre la puerta a un nuevo continente de ideas y posibilidades”. El término “realidad virtual” está ligado a una simulación generada por copias hiperreales, muchas veces holográficas de objetos físicamente “reales”. La imagen así generada se interpone en el espacio que siempre existe y separa lo representado de la representación. Más que constituir un signo o un símbolo estas imágenes son íconos que no señalan a ningún objeto ni se ofrecen como una significación.

Al principio pudo haberse afianzado la ilusión moderna de dominar el mundo con este avance (como se revela en la cita de Autodesk que recién transcribimos). Hoy sabemos que esas aspiraciones prometeicas del fin de la Modernidad (dominar el mundo objetivo y el interno) han sido sólo una ilusión: jamás dominaremos eso que llamamos lo real por más que plaguemos de símbolos o imágenes el espacio que separa lo representado de la representación. Quizá nos dio una renovada ilusión de que logramos taponarlo con imágenes de la RV hasta poder prescindir del objeto real. En ese hiato es infranqueable entre lo designado y la designación se producen siempre excesos inconsumibles y no faltas. Sin embargo, la misma expansión tecnológica que originó la utopía del iluminismo ha generado esa nueva realidad de la que hablábamos, La RV, que deja aun más claro que los casilleros que separan el territorio de lo real del de lo ficcional y lo verdadero de lo ilusorio no tienen ya validez y se pueden abrir a compartimentos infinitesimales: de las realidades virtuales, por ejemplo, no se puede decir que sean reales ni irreales ni verdaderas ni falsas y pueden ser infinitas simulando un objeto. Forman como otra realidad que ya no ofrece un término antagónico que pudiéramos descartar. Hoy todo esto es un poco más complejo y menos definible en términos de ese binarismo2.

La multiplicidad de lo real es instantánea, discontinua, cuántica, incapturable y sin leyes causales que reglamenten su devenir. Por ello no la pueden capturar las representaciones que pertenecen a la lógica asociativa que conforma la realidad psíquica. Esta es una ilusión que los que vivimos en ella consideramos verdadera, una construcción basada en un modelo mental que encubre su propia inconsistencia y su inadecuación para dar cuenta de lo real porque todo en ella es continuo y sin disrupciones mientras que, como acabamos de mencionar, la multiplicidad real no lo es. Lo que he llamado la cuenta psíquica3 analiza lo que percibe de acuerdo al modelo de comprensión que sea prevalente. Esa construcción, ese cálculo, es realizado a través de representaciones del mundo exterior enlazadas en forma coherente por el que sea modelo que sea prevalente. Pero la brecha entre la representación y lo representado es infranqueable, los humanos no estamos abiertos a los objetos que nos rodean, como para zambullirnos, por así decir, en ellos como hacen los demás animales y los niños pequeños. Para sostener la ilusión de que nos apropiamos de ellos y dominarlos podemos sólo (¡y nada menos que!) representarlos y trabajar con sus representaciones que ya creemos que nos pertenecen. La razón última, la unidad mínima de la heterogeneidad entre la realidad y lo real es entonces esa disyunción radical entre la representación y lo representado. Ese es precisamente el lugar específico en el que se infiltran las imágenes de la RV. Con lo cual puede producir la ilusión de que esa disyunción radical quede taponada (o burlada) y que podemos fundirnos con un objeto cual si estuviésemos abiertos a ellos

2 Deberíamos distinguir al menos la realidad psíquica, la realidad ficcional, la ficción y la realidad virtual más la informática (la generada por el flujo constante de información en las redes) antes de caer en decir que algo es real o irreal.
3 En el capítulo 4 del libro Ser Humano, 2010.

como los demás animales (es decir, sin que los objetos estén cerrados por el aislamiento propio de la representación). Lo notable es que aun cuando nuestra mente no logre capturar representando fracciones del objeto real, eso no representado no deja de tener efectos sobre nosotros. La RV que apunta directamente a ocluir ese espacio entre lo re-presentado y la representación lo hace generando un simulacro, una realidad que no es ni real ni irreal; ni científica ni ficcional. En la RV hay un ser de la imagen, que no representa porque es.

La RV nos obliga así a confrontarnos con estos interrogantes cruciales: ¿puede la representación de un objeto subsumir los efectos de su presentación?, ¿es “existencia” equivalente a “información”?, ¿son los abordajes gnoseológicos equivalentes a los ontológicos para tratar las problemáticas humanas?

En mi opinión, entre la suma total de la información proveniente de un objeto y ese objeto hay una diferencia irreductible: algo esencial de las presencias es intraducible a la información, irrepresentable. Algo esencial del ser sería irreductible al saber.

En Siglos pasados hubieron muchos filmes y novelas que anticipaban el valor perturbador para la concepción Moderna de lo que se denomina real y ficcional, intentos que parecían anticipar lo que sería la RV. Así, en 1857, P. H. Gosse inventó un Dios Simulador responsable de que vivamos en una virtualidad perpetua,. El nos engañaba dejándonos esparcidos por el mundo fósiles para que creamos que tuvimos una historia paleoantropológica, y que no hemos sido simplemente creados por Él hace unos 4 o 5 mil años. En el film “The Truman Show” de Peter Weir un director de medios quien organiza una descomunal puesta en escena: la creación de un pueblo entero repleto de simuladores y cámaras ocultas en el que se le ha hecho vivir desde su infancia al pobre de Truman Burbank. En el film “Wag the dog” (Mentiras que matan), de Barry Levinson, el gobierno de los Estados Unidos organiza, a través de los medios, la simulación de una guerra con la que distrae a los televidentes de realidades más crudas. En el film the Matrix de los hermanos Wachowsky los humanos viven distraídos una realidad virtual creada por computadoras que nos mantienen como en un sueño mientras las computadoras usan nuestra energía y nuestro calor corporal como si fuésemos baterías eléctricas.

Además los modelos de comprensión de la realidad de los que hablábamos más arriba se vuelven obsoletos en períodos de tiempo cada vez más cortos y cambian o se sustituyen de modo vertiginoso.

REALIDAD INFORMÁTICA

Ese sólo fue el comienzo -sin dudas asombroso y casi mágico- de la estela de modificaciones que vinieron aparejados con los sorprendentes desarrollos informáticos que comenzaron en aquella década. Por eso, me parece más justo llamar a los cambios provenientes de la computación, las redes, y las posibilidades aparentemente sin límites de conexión, realidad informática y no sólo virtual.

En poco tiempo a partir de los 80 los dispositivos informáticos han cambiado el modo de vincularse en redes que abarcan a los mismos dispositivos y a todos y cada uno de nosotros (Espósito tiene un libro titulado “El dispositivo de la Persona”).

Sin embargo, no es que el desarrollo técnico de los dispositivos por sí solos han producido este afán por estar conectados que hoy nos invade, es la subjetividad de los habitantes de fines del siglo pasado y comienzos de éste la que ha cambiado y eso ha promovido el desarrollo de esa tecnología y la creación de los dispositivos mediáticos que hoy invaden el planeta. La inversión del espacio público y privado ha exigido y se lleva muy bien con los dispositivos informáticos. Es cierto que éstas máquinas de conexión también son responsables de los cambios de subjetividad, del modo de ser y de vivir de todos hoy, y de la tendencia actual a la vida conectada, la lógica del instante y la obsolescencia de todo. Esto implicó y ayudo en el lanzamiento de uno de los más grandes cambios de subjetividad de estos dos Siglos: el trastoque de la primacía de lo privado por el de lo público. En el Siglo XIX y la primera parte del Siglo XX se privilegió ampliamente lo privado, lo que se consideró genuino y cargado de valores positivos. Era tan grande la atracción del trabajo en soledad y el encierro, que la erotización ligada a la lectura y la escritura de diarios íntimos llevó a padres y educadores vigilar condenar y hasta castigar a los adolescentes para que limiten el regodeo con lecturas de novelas y la confección de diarios íntimos, verdaderos monólogos interiorizados en una práctica de encierro. Madame Bovary, y el Quijote de la Mancha son sólo dos ejemplos de la perdición a la que podrían llevar esas prácticas de encierro. La idea prevalente fue que cada quien en soledad construyera lo que era. ##

Polulaban en aquella época consignas como “lo esencial es invisible a los ojos” o, “las apariencias engañan”. Es decir, la verdad de cada quien, su parte más noble y genuina iba a encontrarse en el recorrido solitario por la intimidad sin interrupciones del afuera.

Sin dudas todo esto debe haber estado ligado a la creación del psicoanálisis que proponía algo bien diferente pero quizá fundamentado en consignas análogas.

El cambio actual al que nos referimos como ligado, emparentado a los desarrollos informáticos terminó favoreciendo el hecho de que se privilegie decididamente lo público a lo privado. Lo público arrasó con la hipertrofia moderna de lo privado. Los sujetos contemporáneos parecen guiados por frases como “Sólo lo visible (sobre todo en las pantallas) es importante” o, “Sólo es lo que se ve en las pantallas”. Los diarios íntimos de la Modernidad han sido reemplazados por eclosiones públicas como la de los blogs, Facebook o Twitter. Lo que más se valora hoy es el llamado “capital social” que consta del número de “amigos y seguidores” que alguien ha conseguido para desplegar en esos dispositivos. La intimidad se infiltró desde fuera de las paredes que encerraban a todos los miembros de una familia a través de innumerables ventanas mediáticas siempre presentes que llevan consigo en la forma de los dispositivos inteligentes. No hay paredes que frenen o limiten la infiltración de esas redes que han desplazado a los muros y la geografía de los contactos que dejó de ser espacial para ser mediática, evanescente y múltiple y con una geometría rizomática, no arborescente. La modas, las “ondas” y los contagios de las formas de ser se propagan por el aire desplegando ondas identitarias multiformes como cuerpos tatuados, imágenes expectrales anorexígenas, rebeldías anti establishment o modas a seguir.